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La Presentación de tu Vida

Cómo Encontrar Motivación Para Hablar en Público – 6 Técnicas Infalibles

Cuando nos comunican que tendremos que realizar una presentación o un discurso, rara vez se nos cruzan sensaciones positivas. Nuestro cerebro se inunda de nervios, miedos, agobios e incluso pereza. Pero por mucho que no queramos hacerlo, la mayoría de las veces no tenemos opción a decir que no y salir corriendo ya que estamos obligados por nuestro trabajo o estudios a compartir en público nuestro trabajo. Así que, ya que no podrás librarte de esta, lo mejor es que consigas encontrar una motivación para poder preparar y desarrollar la exposición con éxito.

Cómo Motivarse para Hablar en Público sin Miedos

Ahora bien, habrá métodos que a unos les funcione perfectamente para motivarse y a otros no les sirva ni para querer comenzar a levantar una ceja de su cara. Por ello vamos a ver diferentes prácticas que te puedan llevar a conseguir una motivación intrínseca y extrínseca porque cada persona es un mundo y a todos nos mueven cosas diferentes. Es cuestión de encontrar el que mejor se adapte a ti. Así que aquí van diferentes estrategias que te pueden ayudar a saber cómo encontrar motivación

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Cómo Inspirarse para Presentar – Las 6 Técnicas Infalibles

1. Reenfoca tus pensamientos

Ninguna de las sensaciones negativas que tienes ahora mismo te está ayudando en absoluto y tampoco te librarán de tener que realizar la presentación. Así que, ¿por qué no transformar toda esa negatividad que no te deja avanzar correctamente y que únicamente te drena energía en algo positivo que realmente te motive a trabajar en tu exposición? Eso sí, no se trata únicamente de echar una tarde pensando en ideas bonitas, sino que realmente tiene que ocurrir un clic en tu cabeza, un cambio de mentalidad y de actitud hacia hablar en público.

Aquí va una ayuda para tu cambio de actitud:

-“Ufff…preparar una presentación, qué pereza, ya si eso mañana”

¿Procrastinas constantemente cada vez que tienes una charla y al final la preparas rápido y mal en el último minuto? En el fondo no es pereza, es estrés por tener que realizar esa actividad. Cambia tu enfoque por, “Voy a empezar ya poco a poco a prepararla porque quiero que salga bien, para lo que tengo que estar tranquilo y eso requiere ensayos. Además, así me dará tiempo para que se me ocurran mejores formas de interactuar y enganchar al público”.

-“Me da miedo sólo imaginarme delante del público…¡me quedaré en blanco!”

Mejor que diseñes desde el principio una estrategia mental que impida que caigas en las trampas que te pone tu propia mente. Visualiza cómo lo logras: “Voy a imaginarme los días previos mi éxito sobre el escenario. Cómo me salen las palabras sin dudar, cómo veo al público concentrado en mi mensaje, asintiendo mientras entienden mis explicaciones. Entretenidos con las dinámicas que he planteado para hacer una charla amena”.

-“Va a salir mal igualmente, me he cansado, no voy a trabajar más en esta presentación y que salga como sea”

Conformarte con hacer las cosas a mal y a medias nunca trae nada positivo. Que las charlas anteriores no hayan salido mal, no implica que esta tenga que acabar igual. Pero claro, eso depende de ti y de cómo te tomes la preparación de tu exposición. Si te da rabia que hasta ahora no hayas conseguido realizar tus exposiciones con éxito, utiliza esa sensación para cambio de actitud a, “me he cansado de siempre sentir que me sale mal. Voy a trabajar mucho y bien para que tanto la audiencia como yo salgamos de la sala pletóricos”.

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-“Voy a poner mucho texto en las diapositivas por si me pierdo”

Pasa a ser, voy a conseguir hacer unos buenos diagramas y esquemas que resulten atractivos para el público y poder así dar una charla didáctica y amena.

-“Estoy obligado a dar esa presentación”

Si te quedas atrapado en ese pensamiento, nunca conseguirás subir motivado a un escenario. Necesitas cambiar el chip y entender cada exposición en público como una oportunidad para mostrar tu trabajo, para que todos vean que eres un profesional que sabe de lo que habla. Intenta mejorar constantemente la experiencia que tendrá tu audiencia gracias a ti, enfócalo en entender que tu audiencia te necesita para poder resolver dudas o problemas que tengan gracias a tus conocimientos y que además tú se lo mostrarás de la manera más didáctica y amena posible. Todos ganáis.

2. Invoca a tu ego

Enfádate, usa tu amor propio. ¿Tienes miedo? No. NO. No es sólo que puedas hacerlo, es que VAS a hacerlo porque si ellos pueden tú también. No eres menos que nadie, eres grande, MUY grande y alguien como tú sólo puede perseguir la victoria. La derrota es para débiles y tú no eres débil, tú consigues las cosas que te propones, así que te vas a poner a trabajar para poder sentirte victorioso y lleno de poder cuando subas al escenario y el control sea 100% tuyo.

Esta estrategia puede conseguir llenarte de motivación para dar tu presentación, pero eso sí, es muy importante que mantengas los pies en el suelo. No se trata de creer que de la noche a la mañana eres el mejor del mundo en dar presentaciones y que únicamente por tener esa sensación de victoria y positividad todo va a salir perfectamente sin necesidad de hacer nada más. No, hay que trabajar mucho, pero que ese amor propio te ayude a querer prepararte a conciencia.

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3. Ten claros los beneficios que te va a traer hacer esa presentación

Probablemente esta sea una de las estrategias de motivación intrínseca más clásica que podrás encontrar, pero muy efectiva en muchos casos. Si hace falta escribe los puntos positivos en una hoja como si fuese una lista de pros y contras para que realmente te sientes a pensarlo. Y sé objetivo, no digas directamente “ninguno”. Siempre hay cosas positivas que podrás sacar de todas las charlas, algunas más generales y otras más específicas de esa exposición de ese día concreto. Y por si acaso no se te ocurren demasiados beneficios para apuntar en tu lista, aquí van algunos:

-Primero de todo te dará experiencia y quizá ahora mismo no lo valores, pero cuando te ayude a que te sea más fácil preparar una exposición de calidad cuando te hayas subido por quinta o sexta vez a un escenario, entonces lo agradecerás.

-Cometerás fallos. ¿Espera, no hablábamos de beneficios? Por supuesto, pero es que fallar es importante para mejorar porque cuando consigues entender y arreglar las cosas que hiciste mal en la presentación anterior, implica que has trabajado y aumentado el nivel en tu escala de desarrollo presentacional.

-Te dará exposición.  Si siempre te escondes y evitas hablar en público, nunca dejarás de ser el “eterno invisible”. Esa persona que pasa desapercibida, que nadie sabe quién es, de quien nadie se acuerda, nadie llama para hacer negocios, el eterno prescindible. Nadie llama a un eterno invisible porque nadie sabe que estuvo en ese evento y que es una persona competente y profesional. El eterno invisible no existe a ojos de los demás.

¿Aun así quieres ser uno de ellos? Vale, pero luego no te quejes si ves que tu compañero (sí, ese que está dispuesto a hacer exposiciones) consigue cerrar más tratos con esa gente que supuestamente ambos habéis conocido en el evento al que habéis ido (en realidad le han conocido a él, tú no existías porque decidiste que no querías existir para ellos) o si consigue que gente que “ambos conocéis” (en serio, que no, que de ti no se acuerdan) le den más oportunidades.

-Va a ser un logro. En serio, si después de lo mucho que te cuesta hablar en público y exponer, resulta que trabajas para conseguirlo y encima lo consigues…te sentirás TAN orgulloso de ti mismo que tu felicidad no cabrá en tu cuerpo. Esas sensaciones tan positivas las recordarás por mucho, mucho tiempo.

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-Piensa en beneficios más concretos y específicos a esa presentación. Puede que captes a ese cliente tan importante si estás en una empresa, que ganes prestigio y eso te otorgue una mayor opción a un ascenso, que te pongan buena nota si eres estudiante, que en el público vara a estar esa persona que admiras y con la que te gustaría trabajar o que conozca lo que haces…

4. Focaliza tu vergüenza

Al principio del artículo te he avisado de que no todas las estrategias iban a funcionar con todo el mundo, ¿verdad? Así que si eres una persona extremadamente tímida y vergonzosa es muy posible que todo lo anterior te dé absolutamente igual y me digas que sigues prefiriendo perderte todos esos beneficios antes que dar la presentación porque te sientes superado por la situación.

Pero como probablemente vayas a tener que exponer igual quieras o no, entonces mi consejo es que reenfoques tu vergüenza. Hablar en público te da miedo, mucho lo sé, ¿pero no te da aún más vergüenza hablar en público y hacerlo mal? ¿Qué todo el mundo te mire mientras no sabes qué decir? Aferrarte a esa idea podría ayudarte a sacar la motivación suficiente para preparar de manera excepcional tu charla porque vas a pasar miedo igual, sí, pero en menor proporción si has trabajado a conciencia en hacerlo bien.

Cuando no se sabe cómo mantener la motivación simplemente teniéndose en cuenta a uno mismo, entonces hay que comenzar con técnicas de motivación extrínseca y buscar esas razones de peso que nos hacen falta fuera de nosotros mismo. Aquí te presento dos métodos completamente diferentes entre sí, pero de los que puedes encontrar grandes resultados:

5. Hazlo por otra persona

A veces pensar que lo hacemos por nuestro bien no es suficiente motivación. Te va a seguir produciendo pereza y miedo, pero como eres tú mismo quien tiene esas sensaciones, siempre es más fácil abandonar (que incluye no hacerlo o no prepararse a propósito y por lo tanto hacerlo mal). Por ello, puedes intentar ligar la motivación que necesitas a otra persona. Tu hijo, tu pareja, tu familia en general, tus compañeros, tu jefe, tu mascota…quien tú quieras. Simplemente a quien elijas, no le falles. No hay opción de abandonar porque lo estás haciendo por ellos, así que has de hacerlo bien. Ya no se trata de lo que tú quieres, ya sabemos que tú no quieres hacer esa exposición. Se trata de la persona has elegido. Haz que se sienta orgullosa.

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6. Recompensa

Si absolutamente nada de lo anterior es motivo suficiente para que sientas que quieres hacer tu exposición con ganas, entonces intentar “sobornarte” a ti mismo estableciendo un método de recompensa. De acuerdo, no quieres hablar en público y no te va a motivar nunca hablar en público, no lo quieres hacer ni por ti, ni por nadie…¿pero y por ese capricho que hace tanto que quieres darte?

Esta estrategia es un ejemplo claro de cómo encontrar una motivación extrínseca. Consiste en que relaciones algo que sí quieres hacer (comprarte algo, ir a ese restaurante especial que tanto te gusta, hacer una escapada de fin de semana, un plan distinto, etc.) con algo que no quieres hacer. El truco está en que hasta que no realices la acción que te desagrada, no podrás conseguir el beneficio. Así que si haces la presentación pero si lo haces (ojo, y te preparas para hacerlo bien), entonces te podrás conceder ese algo que tanto te apetece. Ese capricho que está en tu lista de deseos porque es eso, un capricho, dátelo después de haber hecho un gran trabajo. Pero obviamente elige algo razonable, no te compres un coche nuevo cada vez que des una presentación.

 

Cada caso es diferente, así que no te asustes si preguntas por sus motivaciones a otras personas y descubres que para ti no servirían. Ahora ya sólo tienes que encontrar el método que realmente te funcione a ti. Puede ser algún caso particular del que hemos hablado aquí, una combinación de varias estrategias o quizá una nueva que descubras en tu camino. Pero sea como sea, encontrar tu motivación para hablar en público conseguirá que ese miedo que tanto tenías se transforme en algo que quieres vencer y que sabes que puedes vencer.

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