Cómo Hablar en Público sin Miedo

¿El simple hecho de pensar que tienes que hablar frente a una audiencia te produce un miedo irracional que se exacerba aún más sobre el escenario? No eres el único, esta sensación de pavor le ocurre a mucha gente cuando tienen que realizar una presentación, discurso o charla frente a un público.

Pero no te preocupes porque todo tiene solución. Obviamente no existen fórmulas secretas que consigan mágicamente que tu miedo se esfume de un segundo a otro, pero lo que sí podemos hacer es trabajar en controlar ese sentimiento y mitigarlo lo máximo posible. Para ello has de enfocarte en dos estrategias: quitarte presión y elevar tu seguridad.

1. Quitarte Presión

Dentro de la importancia que pueda tener para ti dar esta presentación, tienes que intentar trivializarlo un poco porque esta situación te está creando sensaciones desmesuradas e irracionales que hacen que pierdas la perspectiva y te sientas más presionado de lo que realmente necesitas estar.

1.1. Analiza ese Miedo

Es más sencillo buscar soluciones a miedos concretos que a ideas tan generales como “me da miedo hablar en público”. Por ello debes analizar y entender todos los pequeños temores que se esconden detrás de esa frase.

¿Qué es lo que nos da tanto miedo a la hora de hablar en público? Generalmente no es la presentación como tal, si no que nuestra mente comienza a divagar en “ysis”. ¿Y si lo hago mal? ¿Y si me quedo en blanco? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si notan que estoy nervioso? ¿Y si no sé responder las preguntas? ¿Y si me juzgan? Lo que nos lleva directamente al siguiente punto.

1.2. No Dramatices

Ninguna presentación es de vida o muerte, así que empieza por quitarte ese peso. ¿Es importante? Sí, pero eso no implica que si no es tu mejor día sobre el escenario vaya a ser el fin del mundo. Así que si lo haces mal, no pasa nada, aprenderás de tus errores y la siguiente vez lo harás mejor.

Si te quedas en blanco, lo peor que puede pasar es que haya un pequeño e incómodo silencio hasta que te recuperes y continúes, además, si tanto temor tienes a que esto pueda suceder, lo mejor es que hagas todo lo posible por prevenirlo y por lo tanto trabajarás más en tus ensayos y tus notas para que tengas recursos suficientes para no quedarte en blanco.

Si haces el ridículo o se ríen de ti… bueno, esto no va a ocurrir, la audiencia son personas, no ogros esperando a que cometas el más mínimo fallo para despedazarte vivo. Lo máximo que puede ocurrir es que haya unas pequeñas risas si al subir al escenario te tropiezas, pero basta con que te lo tomes con humor, te rías tú también y digas algo así como “Bueno, son cosas del directo”.

Si notan que estás nervioso…esto rara vez ocurre, al menos en la medida que tú crees. El público no suele notar demasiado lo nervioso que estás, a menos que haya una persona que te conoce muchísimo o que te empiece a temblar la voz de una manera incontrolada, pero incluso aun así, lo que perciben desde fuera siempre es menor que cómo lo sientes tú.

Si no sabes responder a las preguntas… sí, puede ocurrir que te hagan preguntas que no sepas, pero esto no es motivo para tenerle miedo a toda la presentación, haz bien tu charla y luego si hay algo que no sepas responder, no pasa nada, aprenderás de ello para la próxima (para sentirte más seguro respondiendo preguntas échale un vistazo a  este artículo).

Si te juzgan…nadie te va a juzgar, el público no está ahí para eso, quieren aprender, descubrir ideas nuevas, encontrar solución a sus problemas…no están pensando “mira este, qué bajito es, mira cómo anda raro, etc.”. Así que no te pongas en lo peor y por cada temor/excusa que tengas, busca un motivo por el que analizándolo fríamente, no tiene sentido tener miedo.

1.3. No eres lo más importante de esa sala

Que si te van a juzgar a ti, se van a reír de ti, tú, tus nervios, tu presentación, tu tiempo, tú, tú, tú… Lo que tiene que ocurrir en esa sala es que un mensaje llegue a un público de una manera comprensible. Tú no estás en la ecuación, sólo eres el lápiz que la escribe. Así que quítate presión.

2. Elevar tu Seguridad

Al mismo tiempo que intentas disminuir la presión que te has autoimpuesto frente a la idea de dar una presentación, también tenemos que conseguir que te sientas más seguro, que sientas que tienes el control.

¿Por qué es esto necesario? Imagínate que por lo que sea sí que ocurre alguno de esos temores que tienes, que por lo que sea sí te has quedado en blanco. Conseguir hacerte sentir que tienes la situación bajo control hará que ocurra lo que ocurra, tu mente no estalle en pánico y se bloquee, pensando “¿Qué hago, qué hago, qué hago?” sin saber salir de ahí.

Sabrás que estás lo suficientemente preparado para tomar aire, pensar durante unos segundos y sin perder la confianza ni desinflarte, continuar tranquilamente tu exposición.

2.1. El Control es tu Aliado

Cuanto más controlada tengas la situación, menos lugar quedará para los nervios y los miedos. Si llegas a la presentación sintiéndote inseguro porque hay partes que aún no dominas, tienes más probabilidades de que efectivamente sea un desastre.

Así que la solución pasa por ensayar y estar preparado para cualquier imprevisto. Pero ojo, cuando hablamos de ensayar, no me refiero a que hagas un par de intentos en casa el día anterior, veas que sale medio medio y ya lo dejes ahí y vayas a la presentación.

No. Ensayar mucho y bien requiere tiempo, esfuerzo y dedicación. De hecho, el 90% de tus miedos, de tu no saber hablar, de tus muletillas, de tu me voy a quedar en blanco, se esfumarán si realmente has preparado correctamente la charla.

hablar en público sin temor

2.2. Eleva la seguridad en ti mismo

Si realmente has trabajado todo lo que tenías que trabajar, entonces deja de preocuparte. No puedes tener interiorizada una actitud derrotista. Pensar constantemente “Va a salir mal, va a salir mal, se van a reír, voy a fallar, lo haré fatal, será un desastre” te va a minar y te va a arrastrar al fondo sin que consigas sacar lo mejor de ti.

Mantente positivo, triunfador, profesional, visualízalo tanto mental como corporalmente. A la par que piensas “saldrá bien, el público aprenderá, puedo hacerlo” haz que tu cuerpo también irradie confianza y profesionalidad. Una buena actitud es contagiosa y te ayudará a olvidarte si quiera de qué tenías miedo y todo fluirá mejor.

2.3. Invoca a tu Alter Ego

¿Tienes miedo a que te juzguen o a hacer el ridículo? ¿No quieres intentar ni moverte porque crees que no sabes hacerlo y se verá artificial? Entonces puedes probar a crearte un alter ego, una especie de superhéroe que hará la presentación por ti y que lo hará bien porque ese es uno de sus superpoderes.

Es como si interpretases un papel, te ayudará pensar que ya nadie te juzga a ti como persona, porque en medio hay un personaje que es el que se mueve y habla. Esto también te ayudará poco a poco a salir de tu zona de confort ya que le puedes dar a tu alter ego las habilidades que quieras: moverse, hablar de manera elocuente…tú seguirás a salvo detrás de tu alter ego.

Además, así también podrás ir superando el miedo a hacer el ridículo ya que puede que si por ejemplo eres tímido, te dé vergüenza hablar demasiado alto o moverte o hacer inflexiones con la voz porque te parece que te ves ridículo. Pero si piensas que realmente el que está realizando todas esas acciones es un personaje y no tú, poco a poco te irás desprendiendo de esos miedos.

Sé tu propio superheroe

2.4. Crea la mejor versión de ti

Esta estrategia va unida a la anterior. Se trata de que conozcas tus habilidades y conscientemente las utilices en su máximo esplendor el día de la presentación.

Coge tu lado más profesional del trabajo, añádele ese lado comprensivo de cuando le ayudas a tu hijo con las matemáticas, suma la agilidad mental que tienes cuando bromeas con tus amigos…

Coge todas las buenas cualidades que tienes en otras facetas de tu día a día y sácalas en la charla.

2.5. Lánzate a ello todas las veces que tengas la oportunidad

Puede que esto te resulte contradictorio y te genere aún más miedo porque en este momento tú lo único que quieres es pasar el mal trago de la charla que vas a tener y no pensar en más presentaciones nunca más.

Pero mucho me temo que la realidad es que cuando ésta se acabe, al de un tiempo surgirá otra y luego otra más y otra y otra. No puedes tener un miedo atroz cada vez que vayas a realizar una exposición oral y no ponerle remedio.

Así que lo que te sugiero es que cada vez que te encuentres con la mínima oportunidad de hablar en público o dar un pequeña charla, que lo hagas, que seas el primero en ofrecerte voluntario. Porque es la única manera de que al final se convierta en algo rutinario para ti y le acabes perdiendo el miedo.

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